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El arte del transporte

 El concierto se desarrolló sin problemas; incluso el Stabat Mater Speciosa, lo más difícil de interpretar (del oratorio de Liszt). Las modulaciones enarmónicas de este último coro arrastraron a los cantantes irresistiblemente a una bajada gradual del tono, mientras que, en los intermedios entre el canto del coro, hay interludios para el órgano. El órgano (armonio) era tocado por mi alumno del conservatorio Bernhard (posteriormente profesor e inspector) y, cada vez que el coro cantaba medio tono más bajo, él transportaba sus interludios también medio tono, y así terminábamos sanos y salvos una tercera por debajo de donde habíamos empezado.

Rimski-Korsakov, Mi vida musical




…un cantante con el que trabajaba a menudo me pidió que transportara una canción bajando un tono de La bemol a Sol bemol. Había un la bemol agudo al final de la canción, y a él le asustaba, así que asumí ese transporte; teniendo varias horas para estudiarla antes de nuestro concierto. No era un cambio muy difícil de hacer, excepto por un fragmento de una docena de compases en medio de la canción, compases de modulaciones sorprendentes que estaban llenos de alteraciones accidentales. En la interpretación, me embarqué en la canción transportada con una tranquila confianza, pero cuando me acerqué a este oscuro bosque de veloces dobles sostenidos y dobles bemoles me puse nervioso; de hecho, me perdí. Me abrí paso a golpes y machetazos entre la maleza y me enredé. Cuando salí sin aliento al claro y me desenmarañé, descubrí, para mi horror, que ahora estaba tocando el acompañamiento no un tono más bajo, sino un tono más alto que la tonalidad original. Esto casi mata a mi colega, ya que ahora tenía que cantar un si bemol agudo en lugar del sol bemol que había pedido. Todavía me invade un desagradable sentimiento de culpa cuando recuerdo sus ojos saltones, su cuello hinchado y el horrible ruido que hizo al lanzarse, como un pez fuera del agua, a una nota que estaba fuera de su alcance. Fue el fin de una hermosa amistad.

Gerald Moore, The unashamed accompanist


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