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Borodín: Músico, químico... y filántropo

Retrato de Borodín por Iliá Repin
Fuente

     De todos mis amigos íntimos músicos, a quien más frecuenté fue a Borodín (…) Borodín, quien siempre dedicó una pequeña parte de su tiempo a la música y quien con frecuencia argumentaba (cuando esto se le reprochaba) que amaba tanto la química como la música, comenzó a dedicar todavía menos tiempo a la música que hasta entonces. Sin embargo, no era la ciencia lo que le seducía. Se había convertido en uno de los mayores trabajadores para fundar estudios de medicina para mujeres y comenzó a participar en diversas asociaciones de ayuda y apoyo a jóvenes estudiantes, especialmente a mujeres. Las reuniones, el cargo de tesorero que ejercía en una de ellas, el ir y venir y los requerimientos en su nombre acabaron por consumir todo su tiempo. Raramente le encontraba en su laboratorio, y mucho menos componiendo o al piano. Normalmente acababa de irse o acababa de llegar de una reunión, o se había pasado el día en esos menesteres (…) Además, conociendo su naturaleza amable, los estudiantes de medicina y toda clase de estudiantes femeninas le asediaban con innumerables solicitudes, todas las cuales intentaba satisfacer con su característica abnegación. Su incómodo apartamento, similar a un pasillo, nunca le permitía encerrarse o pretender que no estaba en casa. Cualquiera entraba en su casa a cualquier hora y le levantaba de la cena o el té. Mi querido Borodín dejaría su comida o bebida a medias, escucharía toda clase de peticiones o quejas y prometería “mirarlo”. (…) Dejando de lado a las muchachas, sus protegidas, que nunca faltaban en la casa, su apartamento era empleado a menudo como refugio o alojamiento para pasar la noche por varios parientes pobres (o “de visita”), que elegían aquel lugar para enfermar o incluso perder el juicio. Borodín se ocupaba por completo de ellos, los curaba, los llevaba al hospital y luego los visitaba allí.  En las cuatro habitaciones de su apartamento a menudo dormían varias personas de este tipo; tanto los sofás como el suelo se convertían en camas. Con frecuencia resultaba imposible tocar el piano puesto que alguien dormía en la habitación contigua.






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